Puta noche, fin de semana
Sábado por la noche o
viernes, no recuerdo el día menos la hora; solo sé que era fin de semana, así
como no sé que día es, digo que noche es hoy.
Esa noche arrasadora de
sentimientos y pensamientos éticos y morales establecidos. Esa noche
abrazador al puro y más satisfactoria adaptación
del hombre y su naturaleza, la pasión. La pasión como inicio de todo lo
existente en este mundo.
Porque somos pasión y
estamos hechos de pasión, si no pregúntales a tus padres como fue que te “fabricaron”
quién sabe si fue de día o noche o tal vez una puta noche de sábado.
Continuando, y no saliéndome
del tema que tratare en otro momento; continuo; excitado por el calor abrazador
de pensamientos libertinos: al fin fin de semana, alcohol, diversión, excesos y
mas pero más diversión. Salgo rumbo al
encuentro con la calle y algún bar acogedor embargado y ya embriagado de expectativas ¿embriagado? no
recuerdo eso.
Perturbado con preguntas
muy comunes en mí, después de alguna salida no están conmigo como por ejemplo ¿Qué
hice? ¿Que dije? ¿Cómo llegue? ¿Donde estuve?¿Conocí a alguien ? etc.
Esta vez todo cambio, ya
no es lo mismo, ya no hay preguntas, ni búsqueda de respuestas alguna, solo
respuestas basados en recuerdos ;
recuerdos como si esa biche fuera toda mi vida ; los únicos momentos recordados
y vividos, mi infancia, juventud t vejes todo en una noche.
Aburrido de todo y todos;
siendo un nihilista, sin ningún placer por nada y nadie; pero esa noche cambio
todo.
Recuerdo, solo recuerdo y
añoro; mas bien dicho recuerdos, solo recuerdos y añoranzas queda.
Estando ya en el bar y
entrado en tragos, lo recuerdo bien al fin llega ella; ella a la que nunca conocí,
a la que en secreto quise, a la más hermosa mujer del planeta en este mundo de
mierda. Sentado frente a ella, contemplándola y sin valor para hablarle. Al fin
tomo valor y decisión me abalanzo para
enfrentarla y decirle algo; las copas de vino hicieron efecto; siento
como tambaleo como también tambalea mi decisión de acercarme a ella, caigo
rendido por el peso de mi cuerpo producto del dulce vino, y así de dulce la
contemplo sentado desde la silla donde caí y al momento suena las más hermosa canción
que jamás escuche, aunque ya la había escuchado
en alguna radio; pero esta vez no era lo
mismo; era como un coro celestial: las guitarras distorsionadas, la batería…
deje por un instante mi débil propósito de acercarme a ella para seguir el
ritmo de la música y ser parte del grupete que baila frente al escenario. Este
momento lo compararía como el apocalipsis: somos el pueblo y la banda los ángeles,
que nos rodean y protegen, a la espera de la llegada de Dios para hacer
el juicio final a condenarnos o salvarnos; así
apareció ella como una Diosa pero esta
vez sin juzgar a nadie o mejor dicho a salvarme. Solo vino a estar a lado mío,
a mi lado; aunque en ese momento ella no lo sabía, pero estaba a mi lado. Era el
momento me dije; el destino o la canción la trajo a mí, no supe que decir o hacer;
cuando termina la canción. En mi cabeza solo pensaba ¿Por qué terminaste? ¿Por qué…?
Y solo decido gritar ; ¡otra, otra, otra… cuando de pronto escucho su respuesta
o mejor dicho su apoyo o su simple reacción a una situación así; frente a una
banda de música muy buena , muy buena (como ella), fue entonces donde nace un
saludo mutuo, no es un ¡hola o ¡que tal
nada de eso; eso es para gente común, pero en este momento más que nunca
me siento alguien superior y el momento era divino; nos miramos fijamente a los
ojos (por casualidad, pero fue a los ojos) frente a frente y dije: que buena …
que buena canción y ella sonrió, fue ahí donde empezó todo. No hablamos mucho, solo escuchábamos
la música; como dije era todo divino en esos instantes; cuando de solo pude
pronunciar estas palabras:
“te veo y amo tus formas;
amo las forma de tu cuerpo, amo la forma de tu rostro, amo la forma de tu ser,
amo la forma en que me hablas, amo la forma escuchas, amo la forma de tu
sonrisa, amo la forma en que me coqueteas. AMO TUS FORMAS y te amo…”
Y ella respondió: yo también te amo, así de simple,
pero fue mi mundo esa palabra que consideraba tan trivial, pero ambos lo sentíamos,
AMOR. Y empezamos a hablar de momentos
que jamás vivimos, reíamos, me contaba los buenos momentos vividos juntos y del
gran amor que sentíamos, el cual yo también creía verdad; todo era perfecto. Las
horas pasaron y el alcohol hiso su trabajo como el mozo que nos atendía cordialmente
para pedir su propina; pero el vino te da propinas o te da un regalo especial,
y si que nos la dio a ambos; ebrios y desinhibidos nos fuimos juntos en busca
de otro tipo de embriagues, al caminar nuestros pensamientos se juntaban y también
se juntaron nuestros labios, las sonrisas complementaban el momento; ya en un
cuarto blanco, todo blanco y en la cama extensa, una matrimonial o más grande
aún, nos vemos envueltos de pasión, nos besamos, acariciamos, juntamos nuestros
cuerpos y lo hacemos uno, entro en su cuerpo como ella entra en la mía, siento
su abrazo muy pero muy fuerte, al punto
de no dejarme mover libremente; cuando siento un pinchazo en el brazo, me siento adormecido, ¡es
veneno ¡ es veneno digo yo y
su que lo era cuando me veo con una camisa de fuerzas.